Música, maestro

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Llegar temprano, poner música, preparar un mate.
Temprano, Música, Mate.

Con ese ritual comienzan mis días de cursos y talleres en Kleer, ya sea en Buenos Aires o en alguna otra ciudad de Latinoamérica o el resto del mundo.

Las ventajas del “llegatempranismo” son bien conocidas. Algunos casi ni las conocen, así que aprovecho este post y se lo recomiendo a todos y a todas: saboreen la delicia de llegar temprano y no justito ni tarde. Aunque sea cada tanto.

Por otro lado, el mate es un fiel compañero. Bueno, no sé qué tan fiel. Pasa por las manos y la boca de cuanta persona le pasa cerca y le quiere robar un beso. Pero qué buenos momentos nos comparte con sus rondas de sonrisas y agradecimientos -los de “qué rico está”, los de “por fin me toca uno ” y los de “este fue el último”-. Si no te gusta o todavía no probaste un mate, dale una oportunidad a alguno de los mil estilos de mate que surcan el sur del continente sudamericano: Amargos, dulces, con hierbas, con jugos, con y sin palo, caliente, tibio, fuerte, lavado. ¡Casi seguro hay uno para vos!

Pero más allá de qué tan temprano llegás o con qué infusión o bebida acompañás tus días, lo que puede hacer distinto tu día (y tu vida!), es la música. Y lo sabés. Todos lo sabemos.

Estos últimos años estuve, con especial perseverancia, musicalizando los diversos talleres, cursos, reuniones y espacios sociales que tuve la posibilidad de organizar. ¡Y qué buenos resultados me dio!

Aprendí sobre estados de ánimo y gustos musicales de mis colegas, alumnos y amigos. Conocí canciones y ritmos. Aprendí que anunciar en voz alta el nombre del artista y el disco que estamos escuchando es valioso e interesante para muchas personas. Noté que una canción oportuna puede modificar -¡para bien!- la energía de un grupo de personas, aunque éstas ni se conozcan casi entre sí. Noté que muchos tienen ganas de compartir su música. Noté que hay miles de tarareantes y silbadores en el mundo y que los estribillos famosos nos resuenan en todos lados por un buen rato.

Aprendí de la universalidad de Soda Stereo, Calamaro y los Beatles. Noté que el Rock tiene mil formas. Que un tema tranqui nos permite concentrarnos y que “Ob-la-di Ob-la-da” es irresistible para sacarnos sonrisas. Que un jueves con “Friday I’m in love” se convierte de inmediato en viernes.

“Después pasame la playlist que estuvimos escuchando” es un pedido que escucho muy seguido. Y dicha lista de canciones, músicos y discos tiene casi la misma importancia que los apuntes de los mismísimos cursos que suelo facilitar de Scrum, Facilitación Gráfica o Comunicación Efectiva -por mencionar algunos-.

Es por eso y por muchas otras notas que guardo en mi mente, en mi recuerdo y en mi corazón, que les recomiendo a mis colegas docentes, facilitadores, coaches, parrilleros y demás personas del mundo… Pongan música a sus días.

¡Música, maestro!

Y marche otra ronda de mates 😉


Aquí les dejo un recital de una de las bandas que más me acompaña en talleres y demás reuniones: Dancing Mood.

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